24 de febrero de 2026
A cuatro años del inicio de la invasión a gran escala de la Federación de Rusia contra Ucrania, el mundo no asiste solamente a la continuidad de un conflicto armado, sino a una profunda crisis del orden internacional, del respeto a la soberanía y de la vigencia efectiva del derecho internacional humanitario.
El 24 de febrero de 2022 comenzó la mayor guerra en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Lo que inicialmente muchos consideraron una operación de rápida resolución se transformó en una guerra prolongada, con consecuencias devastadoras para millones de personas y con efectos estructurales sobre la seguridad global.
Desde el Centro del Reino de Paz y Justicia, este aniversario no es una fecha meramente conmemorativa: es un llamado a la memoria, a la responsabilidad moral y a la acción internacional orientada a la paz con justicia.
El inicio de la invasión y los primeros quiebres
La ofensiva rusa se desplegó por tierra, aire y mar. En los primeros días cayó Jersón y se intentó cercar Kiev. Sin embargo, la capital ucraniana resistió. Para fines de marzo de 2022, el intento de forzar una caída rápida del gobierno fracasó.
La posterior liberación de Bucha reveló ejecuciones masivas de civiles, generando uno de los primeros grandes escándalos internacionales por presuntos crímenes de guerra. El asedio y destrucción de Mariúpol profundizaron la dimensión humanitaria del conflicto.
En septiembre de 2022, Ucrania logró recuperar amplias zonas de la región de Járkov, y en noviembre Rusia se retiró de Jersón. Desde entonces, el frente oriental se estabilizó en una guerra de desgaste prolongado, con altos costos humanos.
Transformación tecnológica de la guerra
El conflicto evolucionó hacia una guerra altamente tecnológica. Ucrania pasó de depender de sistemas antitanque occidentales a producir más de tres millones de drones FPV al año, capaces de neutralizar vehículos blindados de alto valor con costos mínimos.
Hoy el frente combina trincheras propias de la Primera Guerra Mundial con sistemas no tripulados, guerra electrónica y ataques de precisión de largo alcance. Un dron de bajo costo puede destruir equipamiento militar valuado en millones.
Este fenómeno no solo redefine la doctrina militar contemporánea, sino que plantea interrogantes éticos y jurídicos sobre el futuro de los conflictos armados, el uso de tecnologías autónomas y la protección de la población civil.
Destrucción de infraestructura y crisis humanitaria
El impacto humanitario es devastador.
Más de 4.400 instituciones educativas han sido dañadas o destruidas. Más de 2.500 centros de salud han sufrido ataques. El patrimonio cultural también ha sido afectado de manera sistemática.
El sistema energético se convirtió en objetivo prioritario. Solo en 2026 se registraron más de 200 ataques contra infraestructuras eléctricas. Para abril de 2025, más de 63.000 instalaciones energéticas habían sido dañadas en todo el país.
Según datos de Naciones Unidas, se han confirmado más de 15.000 civiles muertos, incluidos centenares de niños. Las cifras reales podrían ser mayores en territorios ocupados.
Casi 5,9 millones de ucranianos permanecen refugiados en el extranjero y 3,7 millones continúan desplazados dentro del país. Detrás de cada número hay una historia personal, una familia separada, una comunidad fracturada.
Pérdidas militares y desgaste estratégico
El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) estima que Rusia ha sufrido alrededor de 1,2 millones de bajas, con cientos de miles de muertos. Ucrania también enfrenta pérdidas significativas, estimadas entre medio millón y seiscientos mil efectivos afectados desde el inicio de la invasión.
Este nivel de desgaste convierte al conflicto en uno de los más costosos en Europa en décadas, tanto en términos humanos como financieros. Más allá de las cifras, el drama principal es la pérdida de vidas humanas y la prolongación del sufrimiento.
Crímenes de guerra y búsqueda de justicia
Desde el inicio de la invasión se han documentado asesinatos de civiles, deportaciones forzadas, torturas y ataques deliberados contra infraestructura crítica.
Organismos internacionales trabajan junto a autoridades ucranianas en la preservación de evidencia y en la investigación de posibles crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y responsabilidades de mando. Los planes de investigación incluyen violencia sexual, deportación de menores, ciberguerra y destrucción del patrimonio cultural.
El principio es claro: sin verdad y sin justicia, no puede haber paz duradera.
El derecho internacional humanitario no es una declaración simbólica; es un marco normativo que obliga a los Estados y que protege a los más vulnerables en tiempos de guerra.
Reconfiguración geopolítica y apoyo internacional
La Unión Europea, el Reino Unido, Estados Unidos y otros aliados continúan brindando apoyo político, financiero y militar a Ucrania. Se han ampliado los paquetes de sanciones contra sectores estratégicos rusos, incluidos energía, transporte y finanzas.
El conflicto ha impulsado una nueva arquitectura de seguridad en Europa, fortaleciendo la OTAN y acelerando procesos de coordinación estratégica y defensa.
Al mismo tiempo, el debate internacional gira en torno a cómo alcanzar una “paz justa y duradera”, basada en la soberanía y en el respeto a las fronteras reconocidas internacionalmente.
Negociaciones estancadas y futuro incierto
Las negociaciones permanecen bloqueadas. Moscú exige reconocimiento territorial en el este y el sur de Ucrania. Kiev rechaza cualquier concesión que comprometa su soberanía.
Rusia controla aproximadamente el 20% del territorio ucraniano y continúa atacando infraestructura civil.
Encuestas recientes en Ucrania indican que una mayoría significativa de la población está dispuesta a continuar resistiendo el tiempo que sea necesario para preservar su independencia.
Una reflexión desde la paz con justicia
Cuatro años después del inicio de la invasión, la guerra en Ucrania no es un conflicto distante. Es una prueba histórica para el sistema internacional.
Se pone en juego el alcance real del principio de soberanía estatal, la vigencia del derecho internacional, la protección de civiles y la responsabilidad de la comunidad internacional frente a la agresión.
Desde el Centro del Reino de Paz y Justicia reafirmamos que la paz auténtica no es la ausencia de combate, sino la restauración del derecho, la reparación de las víctimas y el respeto a la dignidad humana.
Recordar estos cuatro años no es alimentar el odio. Es reafirmar el compromiso con la justicia, la memoria y la construcción de una paz basada en principios, no en imposiciones.
La historia juzgará no solo a quienes iniciaron la guerra, sino también a quienes eligieron defender la dignidad humana y el orden jurídico internacional.**Cuatro años de guerra en


